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viernes, 10 de julio de 2020

Las lápidas de placeres del oro, Guerrero. Región de Tierra Caliente

El conocimiento arqueológico de Guerrero, comparado con otras regiones de Mesoamérica, es más reciente. Se puede decir que inició hace un siglo, en una etapa que llamé “de exploradores y buscadores de tesoros”. En aquel entonces, William Niven, un personaje de múltiples intereses y habilidades estuvo en Guerrero entre 1890 y 1910. Aunque su interés principal estaba en la explotación minera, también dedicó buena parte de su estancia a explorar varios sitios arqueológicos, tanto en la región central del estado como en la Tierra Caliente, los que ubicó geográficamente. Además, en un diario llevó el registro de algunos de sus hallazgos, describiéndolos por escrito y complementándolos con dibujos, croquis y fotografías.
Poco antes de que estallara la Revolución, en la Tierra Caliente descubrió un “sepulcro” delimitado por dos lápidas labradas en un extraño estilo. Se encontraba cerca del poblado de Placeres del Oro, en un sitio a orillas del Arroyo Vizcaíno, que desemboca en el Río del Oro, tributario del Bajo Balsas.
De arriba hacia abajo, Niven empezó retirando dos lápidas lisas, de poco más de un metro de largo, que estaban colocadas horizontalmente una sobre otra, e inmediatamente bajo ellas encontró una más pequeña, la “Lápida A”, con cerca de 70 cm de largo, pero labrada y colocada boca abajo. Ésta cubría un espacio donde localizó huesos y dientes humanos cremados, al parecer de un infante, y numerosos objetos de ofrenda, cerámicos, de concha, obsidiana y piedra. En el fondo estaba la segunda lápida labrada, la “Lápida B”, de poco más de 80 cm de largo, igualmente colocada boca abajo.
El hallazgo y la descripción minuciosa de las lápidas labradas y algunos objetos de ofrenda fueron ampliamente descritos por Spinden en 1911. Sólo destaco que ambas lápidas estaban rotas por acción del fuego y, aunque distintas en la parte inferior, comparten su elaboración en alto relieve, privilegiando dos motivos: en la parte superior tienen una cara fantástica con ojos circulares enmarcados con serpientes o diseños serpentinos, hocico con dientes puntiagudos, grandes colmillos y una especie de bigotera y barba; el otro motivo es la representación en perfil de cabezas de serpientes con la nariz levantada.

Los personajes y motivos de las dos lápidas fueron comparados con estilos peruanos o del Chavín (Covarrubias, 1961) y, aunque se les dieron otras interpretaciones más, Spinden escribió sobre su sorprendente estilo: “…hay allí tan fuertes señales de individualidad que casi estamos justificados al nombrar estos artefactos como piezas maestras de una nueva área cultural”. Las lápidas se encuentran actualmente en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.
Respecto a las ofrendas, siendo Niven un experto mineralogista, con facilidad identificó la materia prima de las piezas de piedra, entre éstas, dos “incensarios”, uno de diorita y otro de piedra volcánica, un metate zoomorfo de andesita, muy parecido a los del área de Coahuayutla, y una cabecita antropomorfa de jadeíta con rasgos faciales esquemáticos, que muchos años más tarde Covarrubias identificara como de estilo Mezcala (Covarrubias, 1948 y 1956). Gracias a las fotografías de las ofrendas publicadas por Wicks y Harrison (1999), se pueden apreciar también cientos de cuentas de concha, así como varios cajetes de barro.
A pesar de que se han dado a conocer otras lápidas labradas en estilos más parecidos a los de Centro y Sudamérica que a los mesoamericanos, se trató de hallazgos fortuitos presuntamente procedentes de la Tierra Caliente (Reyna 2002), de ahí la importancia del trabajo de Niven para conocer el contexto del sepulcro y de las lápidas funerarias.

Si se desea saber más sobre Niven y sus múltiples actividades en Guerrero, se sugiere consultar: William Niven: un explorador y aventurero en el umbral revolucionario de Guerrero, Diario de Campo, Suplemento No. 49, julio-agosto, 2008, publicado por la Coordinación Nacional de Antropología del INAH.

Texto: Rosa María Reyna Robles, Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Un decir y una costumbre "La Pichocha"

Se hallaba La Pichocha vendiendo su agua fresca, como por lo común hacía en el pueblo de Ajuchitlán, y gritaba a todo lo que su voz podía:¡¡agua helada!!, ¡¡bien helada!! Eran los momentos de la celebración de la Semana Santa, por la calle.
Estoy predicando, le recamó el cura ¡que!, ¿no oíste?
¡Anda puta! contestó la vendedora, tú no te quieres morir de hambre, y yo tampoco. Es el momento en que puedo vender agua.


Extracto del libro Dichos y comodijos: Tierra Caliente del Balsas, Autor: Viliulfo Gaspar Avellaneda. Editorial Garabato.
Contacto: garabatoeditorial@live.com.mx
Tel: (01 55) 55614231 Cel: (045) 5521998871

Otras publicaciones:

martes, 21 de junio de 2011

Foto del Rio Balsas, Coyuca de Catalan, Guerrero

Aquí dejo esta buena foto para que la pongan de fondo en su escritorio, si les agrada.
Ase recordar muchas cosas cuando estudiaba en el Centro de Bachillerato Tecnológica Agropecuario No. 18, muchos como yo les ha de traer grandes recuerdos.
coyuca de catalan guerrero
Saludos.