sábado, 5 de septiembre de 2015

El patio de la abuela y el barrer de los años

Aquel patio muy limpio, que mi abuela en tierra caliente barría todas las mañanas, se convertía en arrimados de hojas amarillas, en calcinadas hojas de buganvilias que transparentaban en el pedregal. Sucias aguas arremolinaban hacia la calle, donde pisaban vacas y burros, encausados al potrero. Se venía la tarde, con pizanes desdoblados hacia el sol, que creaban claroscuros, vacíos de luz justo ahí donde revoloteaban los mosquitos. Los chiscuaros pregonaban sus silbidos, acurrucados en franelas de ramas, pero con el aliento suficiente para anunciar la tarde. Corredores de milpas se dejaban caer, suaves, con el calor del viento. Se trataba de la inclinación del sol, un tanto espeso, hacia las llanuras.
Autor: Roberto Bernal


Otras publicaciones: