jueves, 1 de junio de 2023

Las haciendas de Huetamo, Michoacán

Hacienda Santa María. 

Por el Ing. Florencio Soto Pineda.
Las haciendas tuvieron su mayor auge en 1800 y en el primer tercio de 1900 por el gran apoyo que el presidente Porfirio Díaz dio a los terratenientes, quienes vilmente despojaron a los indígenas mediante argucias legaloides y reprimiendo por medio de masacres a los que se oponían, aprovechándose de que la gran población del país no sabía leer ni escribir, por lo cual pocas personas eran dueñas de la mayor parte del país, por este motivo dio origen al descontento social por ser desposeídos.
En la región de Huetamo existieron varias haciendas, definiendo una hacienda como una gran proporción de hectáreas de tierra de 15 mil a 30 mil y hasta más, se caracterizaba por tener una gran casa del dueño y a los alrededores vivían los trabajadores.
Arco de la Hacienda Santa María. 


La producción de ganado y siembra en los años setenta del siglo pasado era muy grande, en la radio anunciaban los lugares y la fecha donde se llevaría a cabo las recogidas de ganado, que eran muchas, y a mí me toco ir a una, a la Hacienda de Guadalupe, cuyo dueño era un hijo de Don Román Celis (DEP) (un señorón dueño de varias haciendas en Michoacán y Guerrero).
La recogida de ganado en la Hacienda de Guadalupe iniciaba a las 4:00 AM, juntando el ganado de los cerros encaminándolos a un gran corral hecho con postes altos de madera, éstos se juntaban como a las 9:00 AM, ya reunido todo el ganado, con los caballos se les espantaba para un lado y para otro, esto me dijeron que era para que se aparearan en menor tiempo, después venía la jineteada, en donde los que montarían escogían sus toros y yo como ya me había tomado unas cervezas y de niño jineteaba becerros pues escogí un toro. Se procedió a lazar a los toros seleccionados y el demás ganado se transfiere a la parcela donde se cosechó, para aprovechar el pasto y el rastrojo.
Hacienda El Tepeguaje.

Ya cuando me tocó jinetear me dije a mi mismo, que solo me cuidaría de los cuernos ya que eran grandes y solo aguanté tres reparos y caí, fue mi debut y despedida de jinete, ya que no tuve más oportunidades posteriores.
Después viene lo mejor, ese día se mata una res y se hace un riquísimo picadillo, frito y más comidas de éste, semoviente, siendo repartida a todos los que participaron de un modo u otro, es una alegría colectiva de convivencia única.
Las corridas de toros de los años setentas eran diferentes a las actuales, en donde las haciendas aportaban seis toros para ser montados en piso, siendo las mejores ganaderías las de El Tepeguaje y la de Santa María, toros muy bravos y reparadores, el clima lo alegraba la banda de música y La Turicata en el sonido imprimía ánimo con sus gritos y en el ruedo “El Ñeris” (que actualmente está en el asilo de ancianos), vendiendo palomitas en una gran canasta alta y cuando era correteado por los toros no soltaba su canasta y la gente reía mucho y el ruedo se ponía lleno a reventar.
Casco de la Hacienda La Calera.

La Hacienda de El Tepeguaje pertenecía a la familia de los Sánchez, producía mucho maíz y ajonjolí, pero en la actualidad terminaron el ganado vacuno, casi no se siembra y los descendientes no se formaron en el campo y no les interesó, en la actualidad la casa principal está en ruinas y los lugareños la están escarbando buscando dinero que puede estar enterrado, un desastroso fin.
Casco de la Hacienda La Calera.

La hacienda más grande de la región era la de Coenandio, otras eran la de La Calera que fue propiedad de los Sánchez, la de Santa María de los Moreno, la de la Hacienda de Guadalupe que era de Don Román Celis, la de La Estancia, que son las que conozco.

GÜINGURE: LA CIRUELA DE LA REGIÓN DE TIERRA CALIENTE

Es mes de Mayo, donde la temperatura de la región tenga que subir más de 40 grados y sin una sola gota de lluvia los ciruelos de la tierra caliente, nos ofrecen esta deliciosa fruta.
Dulcísimo, como el amor más puro...
Rojo, como un vivo corazón...y
Pequeño, como los más grandes momentos de felicidad..

Fuente: Isaías SN

sábado, 20 de mayo de 2023

Un hombre sostiene un atlatl cerca de San Salvador Atenco, alrededor de 1930

Un hombre sostiene un atlatl cerca de San Salvador Atenco, alrededor de 1930.
Según datos de la etnóloga Bodil Christensen, para la fecha de la foto el atlatl aún era usado para cazar patos en el lago de Texcoco, siguiendo una tradición de origen prehispánico. Con el tiempo, el uso del atlatl se fue descontinuando en favor de las armas de fuego, dando paso a las “armadas”.
La caza de patos en el lago era una actividad económica importante por la cantidad de personas que se dedicaban a ella. Porfirio Díaz narra que en la segunda mitad del siglo XIX recibió la ayuda de los “indios cazadores de patos” del lago de Texcoco para destruir puentes y así disminuir el avance de las tropas francesas.
Fuente de la imagen: Parsons, Jeffrey. “The Last Pescadores of Chimalhuacán, Mexico: An Archaeological Ethnography”. U. Michigan Museum of Anthropology Publications, 2006.

Cuelga en honor a San Isidro, Uruapan, Michoacan.

La cual se elabora con las primeras cosechas para ser ofrendadas al santo, con el puedan tener un buen temporal y más tarde durante la fiesta es repartida entre los asistentes que la piden.